El 16 de octubre de 1846, Morton administró éter en una intervención pública que convenció a la comunidad médica de la viabilidad de la cirugía sin dolor. La rapidez con la que esta demostración se difundió hizo de ella el punto de inflexión de la aceptación mundial de la anestesia. Su importancia es social e institucional: transformó una posibilidad experimental en práctica médica aceptada.