Entre 1956 y 1959, Lev Landau había propuesto en la URSS una teoría fenomenológica radical: un sistema de electrones que se repelen entre sí con una fuerza intensa dentro de un metal podía, bajo ciertas condiciones, comportarse como si estuviera formado por partículas casi libres —"cuasipartículas"— con una masa efectiva renormalizada por las interacciones. La propuesta de Landau era una hipótesis físicamente brillante pero construida por analogía con un gas ideal, sin una justificación que partiera directamente de los principios de la mecánica cuántica de muchos cuerpos: no se sabía si el esquema era una aproximación útil o una consecuencia necesaria de la teoría cuántica de campos aplicada a un sistema de fermiones interactuantes. Philippe Nozières, formado bajo la tutela de David Pines en Princeton e influido por el grupo de teóricos de Bell Labs durante sus visitas de verano, resolvió esa laguna en 1962 junto con Joaquin Mazdak Luttinger, de la Universidad de Columbia, en un trabajo publicado en dos partes consecutivas en Physical Review. Empleando el formalismo de diagramas de Feynman y funciones de Green —el mismo aparato técnico de la electrodinámica cuántica, aplicado aquí a un sistema de muchos cuerpos en estado sólido—, Nozières y Luttinger demostraron que una amplia clase de las conclusiones de la teoría de Landau podía derivarse rigurosamente dentro de la teoría de perturbaciones de muchos cuerpos, incluyendo el caso de fuerzas de Coulomb de largo alcance, y obtuvieron una expresión general para la función de distribución de cuasipartículas postulada por Landau. El trabajo convirtió una intuición fenomenológica brillante en un teorema demostrable desde primeros principios, y es la base formal sobre la que descansa hoy toda la física de metales convencionales, del helio-3 líquido y, más recientemente, de buena parte de la teoría de materiales cuánticos correlacionados.