Tras la derrota de la Alemania nazi, las cuatro potencias aliadas (Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la URSS) firman el 8 de agosto de 1945 la Carta de Londres, que crea el Tribunal Militar Internacional. Entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946, el tribunal juzga en Núremberg a 22 de los principales líderes supervivientes del régimen nazi, no bajo el derecho alemán ni bajo ningún código preexistente, sino bajo una autoridad internacional nueva: el concepto de "crímenes contra la humanidad". El fiscal jefe estadounidense, Robert H. Jackson, redactor de la propia Carta de Londres, articula en su célebre alegato de apertura que el juicio busca "summon such detachment and intellectual integrity" para que la historia juzgue tanto a los acusados como a los propios aliados. El positivismo jurídico clásico —la idea de que "la ley es la ley" si la dicta el Estado— colapsa como defensa válida: el tribunal rechaza explícitamente que el derecho interno alemán pueda servir de escudo. En 1950, la Comisión de Derecho Internacional de la ONU codifica los Principios de Núremberg, sistematizando los principios jurídicos aplicados en el juicio (responsabilidad penal individual incluso de jefes de Estado, inadmisibilidad de la obediencia debida) como cimiento directo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.