El stent coronario Palmaz-Schatz consolidó durante la década de 1990 la revolución iniciada por Grüntzig al ofrecer un andamiaje metálico intravascular capaz de mantener abierta la arteria después de la angioplastia. Julio Palmaz patentó el diseño en 1985; Richard Schatz lo adaptó para uso coronario. Su aprobación por la FDA en 1994 marcó el paso del intervencionismo coronario a una fase de mayor estabilidad y expansión global. En el árbol intervencionista, el stent convierte la angioplastia de técnica pionera en estándar terapéutico masivo.