Frank Pantridge, cardiólogo del Royal Victoria Hospital de Belfast, desarrolla en 1965 el primer desfibrilador portátil de la historia junto a su residente John Geddes, y lo instala en una ambulancia de Belfast en enero de 1966. El dispositivo original pesaba 70 kg y funcionaba con baterías de coche. Publica los resultados en The Lancet en 1967. Su trabajo funda la cardiología prehospitalaria moderna: el principio de que la fibrilación ventricular tratada en los primeros minutos salva vidas es hoy el fundamento de todos los protocolos de RCP y DEA mundiales. Pantridge es prácticamente desconocido fuera de Irlanda del Norte a pesar de que sus dispositivos han salvado, según estimaciones médicas, millones de vidas.