El 6 de julio de 1885, Louis Pasteur vacunó a Joseph Meister, un niño de 9 años que había sido gravemente mordido por un perro rabioso. Era la primera aplicación humana de una vacuna antirrábica, y Pasteur lo hizo sabiendo que se arriesgaba tanto a la muerte del niño como a su propia reputación. Meister sobrevivió. El caso desencadenó una oleada de demanda internacional, y en 1888 se fundó el Institut Pasteur para producir y distribuir la vacuna. Con la rabia, Pasteur cerró el ciclo que había abierto en 1879: la atenuación como método, el carbunco como demostración pública, la rabia como prueba de aplicación humana. La vacunología moderna nace aquí como disciplina aplicada.