Wolfgang Pauli, en la ETH de Zúrich, junto a su joven asistente Victor Weisskopf, publica en 1934 "Über die Quantisierung der skalaren relativistischen Wellengleichung" ("Sobre la cuantización de la ecuación de onda escalar relativista") en Helvetica Physica Acta. Pauli sentía un fuerte rechazo hacia la teoría de huecos de Dirac —el marco que explicaba el positrón como un "agujero" en un mar infinito de estados de energía negativa ocupados—, y junto a Weisskopf busca demostrar que se puede llegar a una física equivalente sin recurrir a esa idea, aplicando en cambio el método de la segunda cuantización a la ecuación de Klein-Gordon, que describe partículas de espín cero (bosones), no de espín 1/2 como el electrón de Dirac. Pauli llamaría después a esta teoría, con cierta ironía, la "teoría anti-Dirac". El resultado, sin embargo, termina siendo profundamente complementario al de Dirac en lugar de sustituirlo: Pauli y Weisskopf demuestran que, al cuantizar correctamente el campo escalar cargado, aparecen de forma natural partículas con cargas opuestas a sus correspondientes antipartículas, exactamente como ocurría con el electrón y el positrón —pero ahora para bosones, sin ningún recurso a huecos en un mar infinito de estados ocupados—. Este es un resultado conceptualmente decisivo: prueba que la existencia de antipartículas no es una peculiaridad exclusiva de los fermiones de espín 1/2, sino una característica general y necesaria de cualquier teoría cuántica de campos relativista. El trabajo corrige además la idea, entonces extendida, de que incorporar los principios de la relatividad especial en la mecánica cuántica requería necesariamente partículas de espín 1/2. La ecuación de Klein-Gordon, hasta entonces problemática por admitir densidades de probabilidad negativas en su interpretación de partícula única, queda así reinterpretada con éxito en el lenguaje de campos cuánticos, sentando las bases para el tratamiento moderno de partículas escalares —incluyendo, décadas más tarde, el bosón de Higgs—.