La porcelana es una cerámica de pasta blanca translúcida obtenida cociendo caolín (silicato de aluminio) con feldespato y cuarzo a temperaturas entre 1.260 y 1.400°C, produciendo una fusión parcial que vitrifica la pasta. China desarrolla la porcelana propiamente dicha durante la dynastía Tang (618-907 d.C.) en los hornos de Xing (blanca) y Yue (celadón), perfeccionándola bajo la dynastía Song (960-1279) con los hornos de Jingdezhen, que se convirtieron en el centro de producción imperial. La porcelana llegó al mundo islámico y a Europa como artículo de lujo cuya fórmula era desconocida. Los alquimistas y ceramistas europeos intentaron durante siglos reproducirla sin éxito. La primera porcelana europea fue producida en Meissen (Sajonia) en 1708 por Johann Friedrich Böttger tras experimentos dirigidos por Ehrenfried Walther von Tschirnhaus, 1.100 años después de los hornos Tang. El término mismo —porcelana, china en inglés— refleja la identificación cultural universal del producto con su origen.