Comunidades del Neolítico Precerámico B (PPNB, c. 8500-7000 a.C.) en el Levante mediterráneo y el sureste de Anatolia desarrollan la primera tecnología documentada de mortero de cal: calcinan piedra caliza a más de 800°C —dominando ya una pirotecnología avanzada sin disponer todavía de cerámica— para obtener cal viva, que mezclan con agua y áridos para fabricar suelos, revestimientos y recipientes. En Yiftahel (Baja Galilea) se han excavado suelos domésticos hechos enteramente de un hormigón primitivo de cal pulida; en Ain Ghazal (Jordania), suelos revestidos con mortero de cal lisa, a menudo pintados con pigmentos rojos; en Çayönü y Göbekli Tepe (Turquía), suelos de terrazo de gran calidad técnica en edificios públicos y templos. Estas mismas culturas desarrollan también el llamado "White Ware" (loza blanca): vasijas y recipientes moldeados directamente en pasta de cal, anteriores a la invención de la cerámica cocida. Esta tecnología precede en más de seis milenios al hormigón romano (opus caementicium, c. 200 a.C.) y constituye el origen documentado más antiguo de los materiales de construcción basados en cal, frente a la atribución habitual de esta innovación a la ingeniería romana.