En 1899, Jean-Louis Prévost y Frédéric Batelli publicaron en los Comptes Rendus de l'Académie des Sciences el descubrimiento de que una descarga eléctrica de alto voltaje podía revertir la fibrilación ventricular en el corazón de mamíferos, restaurando el ritmo normal. Partiendo de los trabajos de McWilliam (1889), que había demostrado cómo la electricidad inducia la FV, Prévost y Batelli demostraron la otra cara del fenómeno: que una corriente más intensa revertía el caos eléctrico. Este es el principio biológico fundamental sobre el que descansa toda la tecnología de desfibrilación posterior. Beck (1947) lo aplicó en humanos a tórax abierto; Zoll (1956) lo extendió al tórax cerrado. Nota: Los experimentos fueron en animales; la validación clínica en humanos llegó décadas después.