Joseph Priestley aísló el oxígeno en agosto de 1774 calentando óxido de mercurio, denominándolo "aire desflogisticado"; Antoine Lavoisier reconoció su papel en la combustión y respiración y lo nombró "oxígeno" (1777), fundamentando la revolución química moderna. Monturiol citó explícitamente a ambos en su Ensayo (póstumo, 1891) para justificar el cálculo de aire respirable del Ictíneo II y el diseño del horno químico anaeróbico con clorato potásico.