Ludwig Rehn realizó en 1896 la primera cardiorrafia exitosa que la historiografía médica reconoce de forma canónica: suturó directamente una herida penetrante del ventrículo derecho con supervivencia del paciente. La operación transformó la percepción de la cirugía cardíaca —hasta entonces considerada imposible— en un campo técnicamente abordable. Representa la validación formal que convirtió lo posible en aceptable para la profesión médica europea.