Randy Schekman, en la Universidad de California en Berkeley, identifica desde mediados de los años setenta, mediante el estudio de levaduras con defectos genéticos en el transporte celular, los genes responsables de organizar el sistema de vesículas que transportan moléculas entre los distintos compartimentos internos de la célula. James Rothman, en la Universidad de Yale, descubre durante los años ochenta y noventa la maquinaria proteica específica —complejos de proteínas SNARE— que permite a estas vesículas reconocer y fusionarse exactamente con el compartimento celular correcto de destino, como un sistema de llave y cerradura molecular que garantiza que el contenido de cada vesícula se entregue en el lugar preciso dentro de la célula. Thomas Südhof, en la Universidad de Stanford, aplica este conocimiento específicamente al sistema nervioso, descubriendo cómo las neuronas regulan con precisión de milisegundos la liberación de neurotransmisores en las sinapsis mediante mecanismos de control de calcio que activan la fusión de vesículas sinápticas en respuesta a un impulso nervioso. El conjunto de estos descubrimientos resuelve un problema logístico fundamental de toda célula eucariota: cómo transportar con precisión miles de moléculas distintas entre compartimentos internos —núcleo, retículo endoplasmático, aparato de Golgi, membrana exterior— sin que se mezclen o se entreguen en el lugar equivocado, y resulta fundamental para entender enfermedades neurológicas, diabetes y trastornos inmunitarios relacionados con fallos en este sistema de transporte.