Carlo Rubbia, físico italiano, propone y dirige en el CERN un experimento de enorme ambición técnica para detectar directamente los bosones W y Z, las partículas mediadoras de la fuerza nuclear débil cuya existencia y masa exacta habían sido predichas teóricamente quince años antes por la teoría electrodébil de Glashow, Salam y Weinberg. Simon van der Meer, ingeniero neerlandés también en el CERN, desarrolla la técnica de "enfriamiento estocástico" necesaria para comprimir y concentrar haces de antiprotones —partículas muy difíciles de producir en cantidad suficiente— hasta una densidad que permite colisiones de alta energía con protones, técnica sin la cual el experimento de Rubbia habría sido inviable. En enero de 1983, el experimento detecta el bosón W con una masa de aproximadamente 80 veces la del protón; meses después, en mayo del mismo año, se detecta también el bosón Z, con una masa cercana a 91 veces la del protón. Ambas masas coinciden con extraordinaria precisión con las predicciones realizadas por la teoría electrodébil década y media antes, constituyendo una de las confirmaciones experimentales más espectaculares y rápidas —apenas un año entre el diseño final del experimento y el Nobel— de toda la física de partículas del siglo XX, y validando de forma decisiva el modelo estándar como descripción correcta de las fuerzas fundamentales de la naturaleza.