Frederick Sanger, en la Universidad de Cambridge, completa en 1953, tras más de una década de trabajo metódico, la primera determinación completa de la secuencia exacta de aminoácidos de una proteína: la insulina bovina. Hasta ese momento se sabía que las proteínas estaban compuestas de cadenas de veinte aminoácidos distintos, pero se desconocía si existía un orden específico y determinado para cada proteína o si la secuencia era de alguna manera variable o aleatoria. Sanger desarrolla un reactivo químico propio —el dinitrofluorobenceno, conocido como reactivo de Sanger— capaz de marcar el extremo de una cadena de aminoácidos, permitiendo identificar metódicamente, fragmento a fragmento, el orden exacto de los 51 aminoácidos que componen las dos cadenas de la insulina. El resultado demuestra de forma definitiva que cada proteína tiene una secuencia de aminoácidos única, fija y genéticamente determinada —no aleatoria—, estableciendo un principio fundacional de la bioquímica moderna y abriendo la vía hacia la comprensión de cómo la secuencia de una proteína determina su estructura tridimensional y su función biológica. Sanger recibiría un segundo Nobel en 1980 por desarrollar un método equivalente para secuenciar ADN, convirtiéndose en la única persona con dos Nobeles de Química.