En 1974, un investigador visitante en el laboratorio de Hideki Shirakawa en el Instituto Tecnológico de Tokio cometió un error histórico: añadió una concentración de catalizador Ziegler-Natta aproximadamente mil veces superior a la indicada en la receta de síntesis de poliacetileno. En lugar del polvo negro e intratable de Natta (1958), el resultado fue una película plástica flexible y brillante de color plateado: el trans-poliacetileno. Aunque el material seguía sin conducir bien la electricidad, esta forma laminar y manipulable del polímero fue el objeto físico que permitió por primera vez experimentar con sus propiedades eléctricas. MacDiarmid y Heeger, al ver la película en 1976, invitaron a Shirakawa a Filadelfia, donde concibieron el experimento de dopado que en 1977 produjo el primer plástico conductor.