Alfonso X de Castilla encarga a una comisión de juristas la redacción de un cuerpo legal unificado en castellano —no en latín— que sustituya el mosaico de fueros locales y costumbres no escritas del reino. El resultado, dividido en siete partes (derecho canónico, gobierno, justicia, familia, comercio, sucesiones, derecho penal), se basa en el Corpus Juris Civilis de Justiniano, el derecho canónico y los glosadores boloñeses (Acursio, Azzo), con influencias del derecho islámico andalusí. Pese a su ambición, la nobleza castellana se resiste a su aplicación: las Siete Partidas no se promulgan de forma efectiva hasta la "promulgación tardía" de Alfonso XI en 1348, casi un siglo después de su redacción. Se convierte en el cuerpo legal más influyente de España e Hispanoamérica, vigente en algunos aspectos hasta el siglo XIX.