Frederick Soddy, en la Universidad de Glasgow, acuña en 1913 el término "isótopo" (del griego "mismo lugar") para describir un fenómeno que desconcertaba a los químicos de la época: distintas sustancias radiactivas, con masas atómicas claramente diferentes, ocupaban exactamente la misma posición en la tabla periódica y resultaban químicamente indistinguibles entre sí. Soddy formula las leyes del desplazamiento radiactivo —desarrolladas en colaboración previa con Ernest Rutherford sobre la desintegración radiactiva— que establecen que cuando un átomo emite una partícula alfa se desplaza dos lugares hacia atrás en la tabla periódica, y al emitir una partícula beta se desplaza un lugar hacia adelante. El concepto de isótopo resuelve la contradicción explicando que un mismo elemento químico puede existir en variantes con distinto número de neutrones en el núcleo —y por tanto distinta masa— sin que ello afecte sus propiedades químicas, que dependen únicamente del número de protones. El descubrimiento reorganiza por completo la comprensión de la tabla periódica y la química nuclear, y resulta fundamental para el desarrollo posterior de la datación radiométrica, la medicina nuclear y, décadas más tarde, la tecnología de enriquecimiento de uranio.