En 1544 la Corona de Castilla aprueba una Instrucción que restringe severamente la mendicidad, prohibiendo a los pobres pedir limosna fuera de su lugar de origen y obligándolos a portar licencia para hacerlo. Domingo de Soto, fraile dominico y profesor en Salamanca, publica el 30 de enero de 1545 su Deliberación en la causa de los pobres, un tratado en el que se opone frontalmente a esa legislación. Soto defiende que los pobres tienen derecho a pedir limosna libremente y a desplazarse a través de fronteras municipales y de reino en busca de auxilio, sin que las autoridades civiles puedan confinarlos o exigirles licencia: la pobreza no despoja a nadie de su libertad de circulación ni de su dignidad. El tratado generó una réplica casi inmediata del benedictino Juan de Robles, partidario de un sistema más restrictivo y organizado de control de la mendicidad, dando lugar a uno de los debates jurídico-morales más documentados de la España del siglo XVI sobre los límites del poder civil para regular la vida de los más vulnerables.