Los artesanos de Sumer, en el valle del Tigris y el Éufrates, desarrollan hacia el 3500-3300 a.C. la aleación deliberada de cobre con estaño para producir bronce, la primera aleación metálica funcional de la historia. El bronce, más duro y resistente que el cobre puro, transforma la fabricación de herramientas, armas y objetos rituales, y da nombre a la Edad del Bronce en Oriente Próximo. El estaño, mineral escaso en Mesopotamia, debía importarse a través de extensas redes comerciales que llegaban hasta Afganistán, lo que convirtió el control de estas rutas en un factor económico y político determinante durante todo el periodo. Esta innovación antecede en aproximadamente 1700 años al hierro hitita y representa el punto de partida de toda la metalurgia de aleaciones posterior.