Joseph-Marie Jacquard presenta en Lyon el telar programable mediante tarjetas perforadas, patentado en 1804. El sistema codifica patrones de tejido en tarjetas de cartón con agujeros que controlan qué hilos se levantan en cada pasada, permitiendo reproducir diseños complejos de forma automática y sin intervención manual en cada ciclo. Napoleón Bonaparte lo declaró propiedad pública y Jacquard recibió una pensión y royalties. El principio de instrucción mediante tarjetas perforadas fue adoptado directamente por Charles Babbage en el diseño de su Máquina Analítica (1837) y posteriormente por Herman Hollerith para el censo de EE.UU. (1890), convirtiéndose en el fundamento conceptual de la programación por instrucciones externas. Tanto Charles Babbage (Máquina Analítica, 1837) como Herman Hollerith (tabuladora, 1890) derivaron del principio de Jacquard de forma independiente y sin contacto documentado entre ellos: Babbage lo aplicó al cálculo matemático complejo mediante instrucciones; Hollerith lo aplicó a la clasificación estadística masiva, inspirado además por los revisores de tren que perforaban billetes para registrar rasgos físicos de pasajeros.