Gerardus 't Hooft, como estudiante de doctorado bajo la dirección de Martinus Veltman en la Universidad de Utrecht, demuestra en 1971 que la teoría electrodébil de Glashow, Salam y Weinberg —que unifica el electromagnetismo y la fuerza nuclear débil— es "renormalizable": es decir, que los infinitos matemáticos que aparecen al calcular con precisión sus predicciones pueden eliminarse de forma consistente mediante técnicas matemáticas rigurosas, igual que Feynman, Schwinger y Tomonaga habían logrado dos décadas antes para la electrodinámica cuántica. Antes de este trabajo, los cálculos en la teoría de las interacciones débiles producían probabilidades infinitas sin sentido físico, lo que dejaba a la teoría electrodébil como una propuesta matemáticamente problemática e incapaz de generar predicciones numéricas precisas y verificables, pese a su elegancia conceptual. El origen inmediato del trabajo se remonta al verano de 1970, cuando 't Hooft, en una reunión de física en Córcega, preguntó a los especialistas cómo debían aplicarse las ideas de renormalización a las nuevas teorías de gauge no abelianas; la respuesta que recibió fue "si eres estudiante de Veltman, pregúntale a él" — Veltman era reconocido por entender la renormalización mejor que casi nadie, y había desarrollado además un programa de cálculo simbólico propio, Schoonschip (creado ya en 1963, durante una estancia en Stanford), uno de los primeros sistemas de álgebra computacional de la historia, diseñado para evaluar las complejas contribuciones de teoría de campos que estos cálculos requerían. Con la ayuda de Schoonschip, Veltman verificó los resultados parciales que 't Hooft fue obteniendo, y juntos desarrollaron en detalle el método de cálculo completo. 't Hooft y Veltman desarrollan además técnicas de cálculo —incluyendo el método de regularización dimensional— que se convertirían en herramientas estándar de cálculo en toda la física teórica de partículas posterior. La demostración de renormalizabilidad transforma la teoría electrodébil de propuesta especulativa en marco predictivo riguroso, proporcionando los cimientos matemáticos sólidos sobre los que se construiría el Modelo Estándar de la física de partículas, y permitiendo calcular con precisión las masas y propiedades esperadas de los bosones W y Z, que Rubbia y van der Meer confirmarían experimentalmente en el CERN una década después, así como, más adelante, la masa del quark top, observado directamente en 1995. Por este trabajo, 't Hooft y Veltman reciben el Premio Nobel de Física de 1999 "por elucidar la estructura cuántica de las interacciones electrodébiles".