Evangelista Torricelli, discípulo de Galileo, demuestra en 1643 en Florencia que la atmósfera ejerce presión llenando un tubo de vidrio con mercurio e invirtiéndolo sobre una cubeta: el mercurio desciende hasta crear un vacío en el extremo cerrado —el primer vacío artificial producido en laboratorio— y se estabiliza a una altura proporcional a la presión atmosférica. Publica los resultados en una carta a Michelangelo Ricci (1644). El instrumento resultante, el barómetro de mercurio, es la base de la meteorología instrumental y la primera demostración experimental del peso del aire, refutando el axioma aristotélico de que "la naturaleza tiene horror al vacío".