El 16 de diciembre de 1947, John Bardeen y Walter Brattain construyeron y demostraron en Bell Labs el primer transistor funcional: un dispositivo de contacto puntual sobre germanio que amplificaba señales eléctricas sin necesidad de válvulas de vacío. William Shockley, director del equipo de investigación de semiconductores, no estuvo presente en el experimento definitivo —había sido marginado del trabajo experimental por tensiones internas con Bardeen— y respondió desarrollando en 1948 el transistor de unión, arquitectura más robusta y escalable que concentró gran parte del crédito posterior. Los tres compartieron el Premio Nobel de Física en 1956. El transistor es el cambio de plataforma más importante de la historia de la tecnología: sustituye las válvulas de vacío —frágiles, voluminosas y voraces en consumo energético— por dispositivos de estado sólido miniaturizables, abriendo el camino al circuito integrado, el microprocesador y todo el hardware digital moderno. Se estima que se han fabricado más de 10²² transistores, convirtiéndolo en el artefacto más producido en la historia humana. La narrativa pública tendió a concentrar el crédito en Shockley, quien lideró el equipo y fue más visible; Bardeen y Brattain son los experimentadores que construyeron y demostraron el primer dispositivo funcional.