Daniel C. Tsui y Horst L. Störmer, en los Bell Laboratories, publican en mayo de 1982 "Two-Dimensional Magnetotransport in the Extreme Quantum Limit", donde observan algo que la física existente no predice: al enfriar a menos de 5 K una muestra de electrones bidimensionales de altísima movilidad —fabricada por Arthur C. Gossard mediante heteroestructuras de GaAs— y someterla a un campo magnético intenso, aparece un nuevo escalón de resistencia Hall cuantizada cuando el nivel de Landau más bajo está ocupado solo en un tercio (fracción 1/3). Esto contradice la imagen establecida del efecto Hall cuántico entero, descubierto por Klaus von Klitzing en 1980, donde los escalones de cuantización solo deberían aparecer en valores enteros de ocupación. Tsui y Störmer no tienen en 1982 una explicación teórica satisfactoria del fenómeno: especulan con la posible formación de un sólido de Wigner, pero el resultado experimental queda, durante meses, como una anomalía sin marco conceptual. La pieza que falta llega en mayo de 1983, cuando Robert B. Laughlin, en el Lawrence Livermore National Laboratory, publica "Anomalous Quantum Hall Effect: An Incompressible Quantum Fluid with Fractionally Charged Excitations", proponiendo una función de onda variacional que demuestra que, en esas condiciones extremas, los electrones no se comportan como partículas individuales sino que se condensan colectivamente en un estado cuántico completamente nuevo: un fluido incompresible cuyas excitaciones (cuasipartículas) portan una fracción exacta de la carga del electrón —un tercio de ella, en el caso observado—, algo sin precedente en la física de partículas conocida hasta entonces. Ninguna de las dos piezas constituye un gamechanger por separado: el experimento de Tsui y Störmer es una anomalía sin explicación sin la teoría de Laughlin, y la teoría de Laughlin habría sido pura especulación matemática sin el resultado experimental que demuestra que el fenómeno ocurre en la naturaleza. Juntas dan origen al estudio del efecto Hall cuántico fraccionario (FQHE), que se convierte en una de las áreas más fértiles de la física de la materia condensada, sentando las bases conceptuales —fermiones compuestos, anyones, estados topológicos de la materia— sobre las que se construirían tres décadas de investigación posterior, incluyendo posibles aplicaciones en computación cuántica topológica.