Tras años de presión plebeya contra la arbitrariedad de los patricios en la aplicación del derecho consuetudinario no escrito, Roma nombra una comisión de diez hombres (decenviros) para redactar un código de leyes válido para todos los ciudadanos. Publican diez tablas en 450 a.C.; una segunda comisión añade dos más al año siguiente. El conjunto se inscribe en bronce y se expone en el Foro romano para que cualquier ciudadano pueda leerlo. Las tablas originales se perdieron (tradicionalmente en el saqueo galo de Roma, 390 a.C.) y se conocen por fragmentos y citas en obras posteriores, sobre todo el Digesto de Justiniano. Cicerón las consideraba superiores en autoridad a las bibliotecas de todos los filósofos.