Urukagina, último rey de la primera dinastía de Lagash, derroca al gobierno corrupto de su predecesor Lugalanda e inscribe sus reformas en conos de fundación de arcilla destinados a los cimientos de templos. El texto, conservado en dos conos completos y un fragmento, no constituye un código de leyes formal en el sentido de Ur-Nammu o Hammurabi —no hay fórmula condicional "si delito, entonces pena"—, sino una declaración de agravios contra el régimen anterior (funcionarios que confiscaban barcas, ganado y pesca de los súbditos) seguida de medidas correctoras: cancelación de la esclavitud por deudas, límites a las tasas funerarias y de los sacerdotes, y protección explícita de viudas y huérfanos frente a "los poderosos". Es el testimonio escrito más antiguo conocido de reformas con voluntad de proteger a los más vulnerables frente al abuso de poder, aunque su naturaleza es más bien de propaganda real y edicto puntual que de cuerpo legal permanente.