Las diez primeras enmiendas a la Constitución de EE.UU., redactadas por James Madison, incorporan protecciones casi idénticas a las de la Bill of Rights británica de 1689 -armas para la defensa, prohibición de fianzas excesivas y castigos crueles e inusuales, derecho de petición- pero con un giro estructural radical: mientras el documento inglés protegía al Parlamento del Rey sin limitar al propio legislativo, la versión estadounidense limita directamente al Congreso ('El Congreso no aprobará ninguna ley que...') y se convierte en derecho constitucional supremo que cualquier ciudadano puede invocar ante los tribunales para anular una ley.