Klaus von Klitzing, físico alemán trabajando en el Laboratorio de Altos Campos Magnéticos de Grenoble, descubre en 1980 que, al enfriar un material semiconductor a temperaturas muy bajas y sometido a un campo magnético intenso, la resistencia eléctrica transversal del material —el llamado efecto Hall, conocido desde 1879— no varía de forma continua y suave como predice la física clásica, sino en saltos discretos extraordinariamente precisos, cuantizados en valores exactos que dependen únicamente de constantes fundamentales de la naturaleza —la carga del electrón y la constante de Planck— y son completamente independientes de la geometría de la muestra, del material específico utilizado o de las imperfecciones presentes en el dispositivo. Esta precisión extrema e independiente de detalles experimentales convierte el efecto Hall cuántico en una herramienta de calibración metrológica de precisión sin precedentes: la resistencia cuantizada se utiliza desde su descubrimiento como estándar internacional de resistencia eléctrica, sustituyendo a estándares físicos previos menos estables y precisos. El efecto Hall cuántico abre además una línea de investigación completa en física de la materia condensada sobre fases topológicas de la materia, área que se ampliaría considerablemente con el descubrimiento posterior del efecto Hall cuántico fraccionario.