El 30 de septiembre de 1882, cerca de Appleton, Wisconsin, entró en operación la primera central hidroeléctrica del mundo. La planta usaba un generador de corriente continua capaz de alimentar 250 lámparas de 16 bujías (equivalentes a 50 vatios cada una), operando a 110 voltios y accionado por engranajes y correas desde una rueda hidráulica que trabajaba bajo una caída de agua de tres metros (diez pies). Fue la primera vez que se generó electricidad comercial a partir de energía hidráulica, estableciendo el modelo que después escalarían Niágara y las grandes hidroeléctricas del siglo XX.