Selman Waksman, microbiólogo en la Universidad Rutgers especializado en el estudio de microorganismos del suelo, dirige desde finales de los años treinta una búsqueda sistemática de sustancias antibacterianas producidas por bacterias del género Streptomyces, presentes de forma abundante en la tierra. Albert Schatz, estudiante de doctorado bajo la supervisión de Waksman, aísla en 1943 una cepa de Streptomyces griseus capaz de producir una sustancia con actividad contra bacterias gram-negativas —un tipo de bacteria contra el que la penicilina, descubierta quince años antes, resulta ineficaz—. La sustancia, denominada estreptomicina, demuestra además ser eficaz contra Mycobacterium tuberculosis, convirtiéndose en el primer antibiótico capaz de tratar la tuberculosis, entonces una de las principales causas de muerte en todo el mundo, responsable de sanatorios y cuarentenas a gran escala en numerosos países. El descubrimiento consolida además la búsqueda sistemática de antibióticos en suelos como estrategia de investigación farmacéutica, método que produciría en las décadas siguientes la mayoría de los antibióticos conocidos.