En 1801 Thomas Young demostró que la luz produce patrones de interferencia al pasar por dos rendijas — el mismo fenómeno que las ondas en el agua. El experimento era una refutación directa de la teoría corpuscular de Newton y resucitó la teoría ondulatoria que Huygens había propuesto un siglo antes sin conseguir imponerse. Young también propuso que el ojo humano detecta el color mediante tres tipos de receptores sensibles a rojo, verde y violeta — base de la teoría tricromática que Helmholtz desarrollaría décadas después. El experimento de la doble rendija se convertiría, en el siglo XX, en el hito conceptual central de la mecánica cuántica.